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9 de diciembre de 2012

Everybodys' changing (todos están cambiando)

Aunque hoy el título del post nos lo da una de mis canciones favoritas de Keane, Everybody's changing, esa no será la canción de hoy (porque no la voy a elegir yo, ¡hay visita!) pero su letra es perfecta para introducir esta entrada de domingo en la que tengo libertad para elegir título e imagen.

Nada permanece igual en el tiempo, todo y todos cambiamos, unas veces para mejor y otras para peor, unas veces queriendo y otras sin querer, unas veces luchamos contra el cambio y otras, simplemente, cerramos los ojos y nos dejamos llevar.

Nuestra forma de pensar, de sentir y de vivir se va modificando con el tiempo pero, sobre todo, con lo vivido. Y la de aquellos que nos rodean también, aunque a veces nos duela. 

Hay muchos tipos de cambios. Lugares donde antes nos moríamos de ganas por volver y que hoy sólo son un punto más en el mapa. Costumbres que nos encantaba revivir y que ahora no son más que rutinas. Amigos que ayer nos acompañaban en nuestro viaje y a los que encontrábamos a la distancia de un café o de una llamada y que hoy casi son desconocidos con los que, a veces, intercambiamos alguna frase de cortesía. Cambios... Ya lo dice la canción "todos están cambiando y yo no sé por qué". ¿O seré yo la que cambie? Quizás seamos todos...


Pues como yo no lo sé y ya me he extendido bastante con la introducción voy a dar paso al autor de la selección de hoy, a ver si él nos saca de dudas. Hoy la pildorita cambia de dueño y pasa a ser propiedad de un amigo del norte y del Athletic, Iñaki Etxeberría. Desde ya escribe él. 

La película. Un mundo nuevo por evangelizar y diferentes maneras de hacerlo. Dos formas de enfrentarse a una nueva realidad. Y en el camino, situaciones que van poniendo a prueba convicciones y actuaciones. Cambio, crisis y contradicciones en La Misión, de Roland Joffé, una película que aguanta muchas miradas. 

Un hombre de paz que lleva sus valores hasta el extremo y un hombre de guerra que busca su sitio entre los hombres de paz y mantiene una lucha consigo mismo. Tribus indígenas con sus normas, y códigos en contraste continuo con las normas y códigos de los jesuitas. Todos mostrándose como son pero pocos aprendiendo de los otros. Una película bella y preciosa por sus paisajes y música además de por todo lo que nos cuenta.


El libro. ¿Qué pasaría si la persona con la que alguien convive desde hace tiempo y en la que ya sólo vemos defectos y casi ninguna virtud, empieza a cambiar y ser tal y como siempre hemos deseado que fuera? Ese es el planteamiento de Cómo ser buenos de Nick Hornby. 

Libro irónico, corrosivo y divertido que plantea el punto de vista de una mujer inglesa de mediana edad, médico y madre de familia (ambas cosas) sobre una época de su vida en la cual todo se tambalea y lo establecido y conseguido es cuestionado. Cambio, crisis y contradicciones. ¿El amante que llena de fantasía tu vida sexual aunque en último momento te deje indiferente o el previsible pero eficaz marido que sabe tocar las teclas adecuadas para llevarte al paraíso? ¿Es la vida arte o ciencia? Todo eso y más.


La canción. “Siempre hay quien quisiera ser distinto / nadie está conforme con lo que le tocó...” De este modo comienza una canción que en cada verso y en cada estrofa va dejando ideas en las que merece la pena detenerse. Llena de paradojas y sentencias nos deja vislumbrar que a veces en las contradicciones está la chispa que nos hace ver el camino por donde seguir. Cambio, crisis y contradicciones. Caminos equivocados y búsquedas continuas. Mejor sin armas, o si nos dejan escoger una, elegir aquella que con facilidad se nos olvida, la ingenuidad propia de una niña, la protagonista de la canción de hoy, Y Mariana, de Silvio Rodríguez.

Explica el autor sobre esta canción que se le ocurrió después de estar con un grupo de niños. Conversaban sobre qué querían ser de mayores. Uno dijo que carpintero, otros futbolistas y otros, médicos, abogados...etc. Y estaba Mariana, que cuando le tocó a ella, Mariana dijo que ella..., que ella quería ser canción. Y así fue...


Muchísimas gracias Iñaki por dejar tus títulos por aquí y por invitarnos a reflexionar sobre un tema que da para mucho más que una entrada. Tu visita ha sido un lujo, me has dado casi todo hecho y tu selección es excelente, gracias de nuevo y vuelve cuando quieras.

La vida y las personas estamos en cambio constante así que tocará adaptarnos, aprender y convivir con ellos. Feliz domingo para todos.



4 de diciembre de 2012

Aventuras y desventuras de una enfermera rural

Esta semana es diferente, es más corta y se lleva de otra manera. Así que hoy voy a escribir algo distinto, no es un post de cuidados para pacientes o enfermeros. Tampoco es una entrada de domingo, con película, libro y canción. Es algo que tengo pendiente desde hace mucho tiempo.

Hoy voy a contar tres historias. No tienen por qué haberme pasado a mí, o tal vez sí o quizás me las han contado, pero eso da lo mismo. Lo cierto es que están basadas en hechos reales, aunque los nombres no corresponden con los protagonistas de verdad. Y he puesto enfermera en el título por englobar a todos los sanitarios en uno solo y porque me tira más, pero sus protagonistas pueden ser otros profesionales del gremio. Son anécdotas divertidas, extrañas e incluso surrealistas que le pueden pasar a cualquiera que trabaje en un centro rural y a veces, no tan rural. Empiezo.

María es una enfermera que trabajaba en un pueblo pequeñito. Un día tras finalizar su jornada laboral se disponía a marcharse a casa. Había sido un día largo, se había pasado media mañana en la calle haciendo "los avisos" y tenía ganas de irse a descansar. Pero cuál fue su sorpresa cuando tuvo que detener el coche unos minutos sin poder avanzar para salir del pueblo.  Y no es que fuera un pueblo con excesivo tráfico, repito que era más bien pequeño, pero allí, en medio de una de las calles principales que llevaba a la carretera general, estaban ellas. Un grupo de amigas lanudas, impacientes, ruidosas y juguetonas, pasando sin miedo ni prisa cerca del coche de aquella extraña que las miraba y alucinaba al mismo tiempo.

Mientras esperaba a que se despejara la calle, María ya no pensaba en lo duro que había sido el día, ni en que tenía hambre, ni en llegar a casa. Sólo quería dormir...




Manuel tenía 76 años, muchas ganas de hablar, mucho tiempo por ocupar, una mujer que le regañaba constantemente y un nieto listísimo de treinta y tantos años al que quería buscarle una novia. Y se cruzó por segunda vez en el camino de Ana, la sustituta que ese día pasaba la consulta de Alberto, que estaba saliente de guardia.  Hace unos días a Manuel le acompañaba su nieto pero hoy venía solo.

Era un día tranquilo, la mañana estaba ya muy avanzada y casi todo el trabajo estaba terminado, no quedaban más pacientes en la sala de espera así que en principio no había motivo para apremiar a Manuel. Escuchar también ayuda y encontrar a alguien con quien desahogarse es difícil así que hay que aprovechar las oportunidades que se presenten. Ana le preguntó que cómo estaba y Manuel empezó a contar su historia...

- Ay, señorita, estoy deseando salir de casa y venir aunque sea a por recetas para no escuchar a mi mujer. No hace más que regañarme... 
- Vamos hombre, ya será para menos, ¿qué necesita?
- Suerte, necesito tranquilidad y suerte. Yo de joven fui torero, pero tuve mala suerte con los toros y con las mujeres. Tuve una novia en cada pueblo en que toreaba y al final, acabé casándome con la más gruñona y la más celosa...
- Pero hombre, Manuel, no diga eso. Seguro que no es para tanto. ¿Seguro que se está tomando bien las pastillas?
-  Quizás a veces exagero un poco, pero otras veces no. Ayer mismo quería ver los toros y no me dejó porque estaba viendo a "la de Jesulín", así que me fui al bar de un amigo. Y resulta que cuando volví también se había enfadado. Es muy celosa, cuando salgo sin ella piensa que me voy con otras mujeres... Qué más quisiera yo, pero a mi edad...
- Jajajaja, ¡pero Manuel! Volvamos a las pastillas de la tensión, ¿cuándo se toma ésta?
- Por la mañana, cuando desayuno, me las tomo bien, no se preocupe. De la medicación se encarga a veces mi nieto. Es muy listo ¿sabe?, también se pone a hacer cosas con el ordenador, como usted... ¿Se acuerda de mi nieto?
- Eh, sí, claro, claro... pero no se enfade con su mujer, no le viene bien ponerse nervioso. ¿Necesita algo más? ¿Tiene alguna pregunta sobre el tratamiento?
- No señorita, sólo me hacía falta eso, gracias por escucharme, la próxima vez volveré con mi nieto y así le explica usted todo mejor y hablan un rato ¿le parece bien? Le manda recuerdos. Hasta la semana que viene.
- De acuerdo, adiós Manuel.

A Ana se le terminó el contrato y no se volvió a cruzar con Manuel, el hombre que había tenido mala suerte con los toros y con las mujeres.




Eran casi las nueve de la mañana y Luz empezaba un día más en una consulta no del todo desconocida pero con unos pacientes que sí lo eran. Eran dos hombres, hermanos, dos pacientes comunes con los que empezar la consulta. O eso creía ella...

- Buenos días, teníamos revisión hoy con la enfermera, ¿no está?
- Buenos días, hoy su enfermera no está, seré yo la que les haga la revisión... [...] Veo que son diabéticos, me gustaría medirles la glucosa, ¿han venido en ayunas?
- Vaya, pues... no. Realmente ya hemos tomado un poco de vino.
- ¿Ya? ¡Pero si no son ni las nueve! ¡Pues pronto empezamos!
- Disculpe señorita, somos sacerdotes y venimos de oficiar la misa de las ocho...
- Ah sí... pues... otro día entonces...

En ese preciso instante Luz deseó con todas sus fuerzas hacerse invisible, pero no lo consiguió. La opción de esconderse debajo de la mesa o de salir corriendo de la consulta también pasó por su cabeza. Pero no, mantuvo el tipo, acabó la consulta e hizo pasar un rato memorable a sus compañeros cuando les contó lo ocurrido en el rato del café.



Y estas son las tres historias, se han quedado muchas más en el tintero así que lo mismo otro día contamos alguna más.


Y tú, ¿tienes o te han contado alguna historia que compartir? ¿Te animas a contarla?


2 de diciembre de 2012

Santo Domingo

Pues eso, que como ha llegado el frío así de repente (lo sé, estamos en diciembre) y la que escribe lleva dos días sin sentir los pies, me he puesto a pensar en sitios donde ahora se tiene que estar muy a gusto, por ejemplo, en Santo Domingo.

Foto de Max Bosio en Flickr
Y ahora ya en serio y dejando de lado el festival del humor, que no es lo mío ni por asomo, paso a contaros los tres títulos de hoy, que no tienen nada que ver con Santo Domingo pero que un poco de santo santo sí que tienen por algún sitio y como es domingo... Espero que os gusten.

La película. Forma parte de la trilogía de aventuras por excelencia, esta vez buscando algo santo. Un gran título lleno de acción con unos actores excepcionales que dan vida a un padre y un hijo en busca de El Santo Grial y, por qué no, buscándose también a sí mismos. Sin olvidarnos de una canción ya mítica... Harrison Ford y Sean Connery protagonizan Indiana Jones y la última cruzada, de Steven Spielberg. 


Mención especial en mi película de hoy merece el guapísimo y malogrado River Phoenix. Aunque su papel fuera secundario tenía que ponerlo. Hace ya muchos años, el primer póster que pegué en una carpeta era suyo...

El libro. La injusticia, la rutina y las desigualdades sociales en un entorno rural son las tristes protagonistas de esta historia donde los señoritos mandan y los criados, además de ser humillados, obedecen. Magníficamente llevaba al cine por Mario Camus años después, el libro de hoy es Los santos inocentes, de Miguel Delibes.



La canción. Hace ya algún tiempo que no pongo ninguna canción de Los piratas y mirad qué casualidad, tienen una que lleva algo de santa en el título y además me encanta, así que hoy le va a tocar. A veces  nos centramos tanto en nosotros que no vemos lo que le pasa a los que nos rodean. Estamos tan ocupados viendo la tele, algún anuncio tan bien realizado y tú estabas tan triste y yo despistado... Y eso poco a poco va pasando factura. Os dejo con mi canción de hoy, la última versión de Santa adrenalina, un temazo de Iván Ferreiro.



Feliz domingo para todos.



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